Puede que una segunda oportunidad sea la catástrofe que hunda mi estabilidad en el más oscuro recoveco de mi locura; de mi sensibilidad. Sentir la vida a flor de piel por un descuido provocado.
Pero la aprovecharía para clavarme en tus costillas. Rozarlas una a una, regocijándome en su voluptuosidad. Con un impulso casi salvaje morderlas y notar su firme tacto entre mis dientes. Hacer un camino de vaho con el anhelo de mi aliento por tu pecho.
Estiraría mi figura y dejaría notar al máximo mis costillas, para que tus manos leyeran en mi cuerpo que eres tú el que tiene la capacidad de doblegarme, y nadie más.
La complicidad de nuestras pieles sobrecalentadas y explotadas, sería nuestro secreto punto de partida. No nos engañemos, las ganas no se notan en la complejidad de nuestras palabras, sino en la simpleza de nuestros actos.
Mis dedos serían alfileres en tus costados. Punzantes, hirientes, incómodos...
Contemplaría satisfecha la manera en la que hundo mi egoísmo en el lado izquierdo de tu costillar, hasta llegar a tu músculo vital y pararlo de un pinchazo seco y rápido.
Conseguir tu dolor, tu desprecio... llegar a sentir que tú me odias al mismo nivel en el que yo te repudio. Aborrecer la arrogante belleza de tu piel huesuda y aún así, no querer abandonarte. No poder desprender mis brazos de tu espalda.
Deformar mis manos mórbidamente para acoplarlas a la forma de tus omóplatos. Fundir mi textura del calor a la tuya, y "ganar el sur"*.
Lamer ávida de amor toda esa sangre derramada sobre tu torso, por culpa de mi estupidez, por no querer retirar mis traicioneros dedos de ti... permitir que mires como me desangro, al no querer limpiar las heridas que tú abriste en mí.
De nada me servirían los lamentos, las quejas o las excusas... no detendría mi afán de poseerte. Renunciaría a toda lógica y cordura con tal de mantenerte mío... hasta mutilarnos sentimentalmente el uno al otro. Por mi empeño, lo nuestro no acabaría hasta la autodestrucción de todo lo bueno que existe en y entre nosotros...
Detonaría tu existencia a mi antojo, al igual que tú detonas la mía depende de la forma en la que me miras.
* http://romancepromise.blogspot.com/
Lúnula de calvario y creatividad.
Desequilibrio entre sentimientos complejos, acuarelas, pínceles y plumas de plata.
jueves 26 de enero de 2012
martes 17 de enero de 2012
Escondite.
Me regocijo en la nada de una ilusión. Vuelvo una y otra vez a escuchar esa canción ya creada para no caer en la tentación de decirlo con mi propia boca.
Quizá si lo digo en voz alta, todas mis entrañas se desboquen y ya no haya vuelta atrás; quizá quede condenada al peso de mis propias emociones.
Recelosa, temerosa, desconfiada y demasiado expuesta... rehuyo de mi presente. El refugio tan seguro en el que cobijaba mis dudas ahora es un agujero negro de confusión, en el que ya no me siento ni segura ni tranquila. He tentado demasiado a la suerte, y me parece que me ha tocado perder.
Contengo, en mi cerebro casi muerto, el chillido distorsionado de esas palabras que nunca escucharé ni pronunciaré.
Ya está... me da miedo seguir...
Quizá si lo digo en voz alta, todas mis entrañas se desboquen y ya no haya vuelta atrás; quizá quede condenada al peso de mis propias emociones.
Recelosa, temerosa, desconfiada y demasiado expuesta... rehuyo de mi presente. El refugio tan seguro en el que cobijaba mis dudas ahora es un agujero negro de confusión, en el que ya no me siento ni segura ni tranquila. He tentado demasiado a la suerte, y me parece que me ha tocado perder.
Contengo, en mi cerebro casi muerto, el chillido distorsionado de esas palabras que nunca escucharé ni pronunciaré.
Ya está... me da miedo seguir...
lunes 2 de enero de 2012
When you hit me, hit me hard...
A un nivel superior, en una esencia distinta y una oscuridad totalmente nueva del resto de los mortales descansaban mis ganas de dormir aquella noche.
Mis dedos reposaban suavemente su huella dactilar sobre tu pecho, notando el compás regular de tu insomnio.
Me esperaste con la manta abierta de par en par, y la cerraste cuando me acurruqué en el hueco que tus piernas habían creado para entrelazar las mías. Movimos el universo en un espacio físico y limitado. Burlé la gravedad metida entre tus brazos.
La noche se convirtió en madrugada, mientras me engullía la oscuridad de tu sobreacogedor abrazo; entre subida y bajada de tu pecho, rozando la punta de mi nariz. Casi sin aire, casi sin aliento y aún así... la comodidad de tu ternura impidió cualquier resquicio de ganas de volver a la realidad difusa de un techo blanco y una bocanada de aire virgen. Me ahogaba, y aún así, prefería apretar más mis manos contra tu espalda; me negaba a desprenderme de tu calidez.
El mundo se redujo a la concentración de acompasar nuestras respiraciones, fundiendo nuestras mejillas en una textura casi siamesa.
Besar tu nariz, acariciar tus pestañas con la comisura de mis labios, recorrer con esmero tus cejas con la rigidez atenta de mi frente... Estudiarte.
Notar tu firme tacto en mis costillas y desear que la madrugada nunca diera paso a la inminente llegada de la mañana. Dar protagonismo a tu mano recorriendo el lóbulo de mi oreja con dulzura, sentir en mi pelo las cosquillas de tus dedos. Derretirme en la sensación de que tus caricias pusieran mi piel de gallina.
Arder enteramente con el fuego que emanaba de mi pecho hasta llegar a todos los rincones de mi cuerpo. Mi cuerpo sometido sin remedio a tus atenciones caprichosas.
Levantaste tus párpados, y me miraste... posaste el peso de tu cuerpo sobre el mío. Progresivamente me fuiste hundiendo en la cama hasta que me fue casi imposible respirar. Acaricié tu nuca y besé tu nuez.
Un beso fugaz y gélido, que interfirió en mi piel como un calambrazo. Sonreíste con amabilidad y mis pestañas se volvieron amarga escarcha...
El hielo fue apoderándose de cada miembro de mi ser... congelando todo el tremendo erotismo que despertabas en mí momentos antes.
No sentía el tacto de mis manos, me dolían las rodillas, mi espalda estaba entumecida y rígida del frío.
Mis labios se volvieron morados y comencé a tiritar...
Te retiraste lentamente de mí, y alcancé a ver en las cuencas vacías de tus ojos la desesperación humana ante tu aparición en el silencio incómodo de las pesadillas humanas.
Besaste mi frente con un movimiento delicado y fino, como si tuvieras miedo de romperme en mil pedazos, aunque en aquel momento, prácticamente era una figura de hielo esculpida por tu traicionero amor.
- Duerme, pequeña... voy a hacer de ti mi juguete eterno en el más allá.
No cambié un ápice la expresión de mi cuerpo. Dejé la mente en blanco, y permití que su escalofriante aura devorara mi débil alma. Sumergí sin miedo mi mortalidad en su insegura y desmesurada infinidad.
jueves 29 de diciembre de 2011
viernes 9 de diciembre de 2011
Me rindo...
La artificial sombra que creaba la tétrica luz estropeada de la lámpara del techo, le dio un aspecto más demente a la feliz y destructiva situación en la que me encontraba aquella tarde de pasmoso frío y cruel intensidad sentimental.
Ellos ensayaban allí. Ellos eran inocentes, artísticos y puramente competentes en ese lugar. Yo lo veía algo así como un altar.
Click. Silencio acusador de un acto predeterminado y oscuro.
Nostras, solas, en aquella sala... respirando conspiración y ausencia en cada una de las paredes, comencé a notar como mi cerebro se sobrecalentaba ante ideas maravillosamente sádicas y gores. Se me torcía la boca, en sinuosa sonrisa demente sólo de pensar en dejar suelta mi imaginación, y mis manos para tales actos demoníacos.
Yo quería profanar ese altar. Quería llenarlo de naturaleza, con todo lo que ello significaba. Quería la corrupción absoluta de mi locura.
Ella me mira con cierto aire de sospecha. Yo la examino, juguetona y ansiosa.
- No vas a conseguir lo que quieres, zorra. Aquello a lo que tú aspiras es mío, enteramente mío. Y tú no estás a mi nivel.
- Ahora mismo estoy donde quiero estar, con quien quiero estar y joder... sí voy a conseguir lo que quiero ahora mismo.
Me acerqué a ella. Ella me miró desconcertada, su respiración se tornó agitada e irregular. Lo vi en la ligereza de su pecho, al cambiar tan rápido el claroscuro de su piel.
Transpiración fría. Incertidumbre. Miedo ante una mente desconocida y oculta.
Ella veía en mis ojos la seguridad de una catástrofe sin sentido y agónica.
Comencé a abrazarla. Su pelo olía bien, era delgadita y pequeña al tacto... templada en la textura finita de su joven piel... Y supe que era normal que a él le gustara ese tacto. Celos. Celos primitivos.
El silencio pesaba como una condena en la sala. Y mi desequilibrio emocional se tambaleó.
Saqué del bolsillo de la chaqueta una cuerda de guitarra, y comencé a estrangularla con ella.
La obligué a tumbarse en el suelo, bajo el peso superior de mi cuerpo. Se revolvía, pataleaba, lloraba, gemía deseperadamente de pánico y dolor.
Me escupió, la muy zorra, y logró soltarse de mí. Menos mal, que fui previsora y cerré la puerta antes de que mi demencia diera paso al descontrol de mi cuerpo. Ella aulló de terror, e intentó defenderse de mí. Un golpe seco y rontundo. Mi nariz sangra... eso me incita más a la sangre.
Saco las llaves, y con la más grande y dentada la apuñalo en la boca del estómago, y retuerzo... y giro... quiero verla sangrar. Quiero ver su muerte paulatina ante mis ojos desorbitados. Quería matar a su puta. Una puta matando a otra... la afinidad de la simpleza que cubría el acto resultaba alentadoramente poética y bella. Era la objetiva visión de la maldad y supervivencia humana y natural.
Ella grita con pasión, notando el dolor de mi agresión. Yo me estremezco de placer... se me antojaba maravillosa la manera en la que se me erizaba la piel al estímulo de sus gritos.
Se tambalea por la estancia, buscado con ansia la salvación a su muerte. Mientras me acerco por detrás, y con la guitarra eléctrica que ella adora, le doy en la cabeza. Brecha. Sangre. Inconsciencia...
Yace en el suelo sin razón a causa del golpe, y la contemplo...
La injusta visión de acabar con una inocente vida por el simple hecho de satisfacer el mandato de mis inhumanos celos, me hizo llorar de rabia y arrepentimiento.
Ensimismada en mi propia repulsión, noté de repente algo introduciéndose en mi yugular. Ardiendo. Abriendo. Hiriendo. Matando...
No sabía que objeto era, pero ya daba igual...
Grité de dolor y conseguí ver de forma borrosa la figura frágil y perversa que diez minutos antes quería destruir a toda costa. Me miraba con venganza y desprecio. Me miraba desde arriba... con lágrimas, sangre y odio en su rostro...
Me desangraba, me moría... y no sólo no había conseguido mi propósito sino que... ardería en el infierno por el resto de mi existencia espiritual por permitir que la estupidez irracional controlara el resto de mi esencia humana.
Ellos ensayaban allí. Ellos eran inocentes, artísticos y puramente competentes en ese lugar. Yo lo veía algo así como un altar.
Click. Silencio acusador de un acto predeterminado y oscuro.
Nostras, solas, en aquella sala... respirando conspiración y ausencia en cada una de las paredes, comencé a notar como mi cerebro se sobrecalentaba ante ideas maravillosamente sádicas y gores. Se me torcía la boca, en sinuosa sonrisa demente sólo de pensar en dejar suelta mi imaginación, y mis manos para tales actos demoníacos.
Yo quería profanar ese altar. Quería llenarlo de naturaleza, con todo lo que ello significaba. Quería la corrupción absoluta de mi locura.
Ella me mira con cierto aire de sospecha. Yo la examino, juguetona y ansiosa.
- No vas a conseguir lo que quieres, zorra. Aquello a lo que tú aspiras es mío, enteramente mío. Y tú no estás a mi nivel.
- Ahora mismo estoy donde quiero estar, con quien quiero estar y joder... sí voy a conseguir lo que quiero ahora mismo.
Me acerqué a ella. Ella me miró desconcertada, su respiración se tornó agitada e irregular. Lo vi en la ligereza de su pecho, al cambiar tan rápido el claroscuro de su piel.
Transpiración fría. Incertidumbre. Miedo ante una mente desconocida y oculta.
Ella veía en mis ojos la seguridad de una catástrofe sin sentido y agónica.
Comencé a abrazarla. Su pelo olía bien, era delgadita y pequeña al tacto... templada en la textura finita de su joven piel... Y supe que era normal que a él le gustara ese tacto. Celos. Celos primitivos.
El silencio pesaba como una condena en la sala. Y mi desequilibrio emocional se tambaleó.
Saqué del bolsillo de la chaqueta una cuerda de guitarra, y comencé a estrangularla con ella.
La obligué a tumbarse en el suelo, bajo el peso superior de mi cuerpo. Se revolvía, pataleaba, lloraba, gemía deseperadamente de pánico y dolor.
Me escupió, la muy zorra, y logró soltarse de mí. Menos mal, que fui previsora y cerré la puerta antes de que mi demencia diera paso al descontrol de mi cuerpo. Ella aulló de terror, e intentó defenderse de mí. Un golpe seco y rontundo. Mi nariz sangra... eso me incita más a la sangre.
Saco las llaves, y con la más grande y dentada la apuñalo en la boca del estómago, y retuerzo... y giro... quiero verla sangrar. Quiero ver su muerte paulatina ante mis ojos desorbitados. Quería matar a su puta. Una puta matando a otra... la afinidad de la simpleza que cubría el acto resultaba alentadoramente poética y bella. Era la objetiva visión de la maldad y supervivencia humana y natural.
Ella grita con pasión, notando el dolor de mi agresión. Yo me estremezco de placer... se me antojaba maravillosa la manera en la que se me erizaba la piel al estímulo de sus gritos.
Se tambalea por la estancia, buscado con ansia la salvación a su muerte. Mientras me acerco por detrás, y con la guitarra eléctrica que ella adora, le doy en la cabeza. Brecha. Sangre. Inconsciencia...
Yace en el suelo sin razón a causa del golpe, y la contemplo...
La injusta visión de acabar con una inocente vida por el simple hecho de satisfacer el mandato de mis inhumanos celos, me hizo llorar de rabia y arrepentimiento.
Ensimismada en mi propia repulsión, noté de repente algo introduciéndose en mi yugular. Ardiendo. Abriendo. Hiriendo. Matando...
No sabía que objeto era, pero ya daba igual...
Grité de dolor y conseguí ver de forma borrosa la figura frágil y perversa que diez minutos antes quería destruir a toda costa. Me miraba con venganza y desprecio. Me miraba desde arriba... con lágrimas, sangre y odio en su rostro...
Me desangraba, me moría... y no sólo no había conseguido mi propósito sino que... ardería en el infierno por el resto de mi existencia espiritual por permitir que la estupidez irracional controlara el resto de mi esencia humana.
domingo 4 de diciembre de 2011
Darkness.
Madrugada cortante y apagada. Noche cerrada, sin pronóstico feliz para la mañana siguiente. La niebla acentuó el sentimiento de vacío y abandono que pesaba en mi cuerpo, haciendo más urgente que nunca tu sobreacogedor abrazo sobre mi cuello. Ahógame.
Nunca había reparado en la desorganización de mi sistema nervioso cuando me sueltas.
Desorientación.
Confusión.
Pérdida.
Anhelo...
Deseo incumplido en el vaho que desprende el calor de dos cuerpos que se atraen sin remedio. Dos cuerpos sentenciados a desconocerse del otro por autoprotección social. Hundo mi cabeza en tu hombro. Acoplas tu espalda a la forma de mis brazos, y aguanto la respiración para retener tu olor.
1.
2.
3.
4....
¿Ya?...
Sonríe... disimula, baja la mirada. No pronuncies ni una palabra o te estrangularán las ganas de llorar. Estate quietecita y ni se te ocurra volver a buscar sus ojos. Sigue adelante y deja que el miedo te guíe hacia la seguridad del secreto. Desconecta el cerebro, ahora mismo no te sirve de nada. Camina... y simplemente susurra para tus adentros... "Hasta la semana que viene."
Nunca había reparado en la desorganización de mi sistema nervioso cuando me sueltas.
Desorientación.
Confusión.
Pérdida.
Anhelo...
Deseo incumplido en el vaho que desprende el calor de dos cuerpos que se atraen sin remedio. Dos cuerpos sentenciados a desconocerse del otro por autoprotección social. Hundo mi cabeza en tu hombro. Acoplas tu espalda a la forma de mis brazos, y aguanto la respiración para retener tu olor.
1.
2.
3.
4....
¿Ya?...
Sonríe... disimula, baja la mirada. No pronuncies ni una palabra o te estrangularán las ganas de llorar. Estate quietecita y ni se te ocurra volver a buscar sus ojos. Sigue adelante y deja que el miedo te guíe hacia la seguridad del secreto. Desconecta el cerebro, ahora mismo no te sirve de nada. Camina... y simplemente susurra para tus adentros... "Hasta la semana que viene."
martes 29 de noviembre de 2011
1/2
El aire comenzó a ser hiriente en mi garganta, cuando noté el profundo vértigo que me provocaba la corrupta inocencia de tu mirada.
Me arranco la moral del alma, coso mis párpados lentamente para notar la agonía de mi entrega, desgarro sin piedad mi corazón cada momento de desesperación ante tu ausencia.
Mientras tanto, tú no dejes de lamer mi ombligo con obsceno esmero y pasión, por favor.
Mientras tanto, tú no dejes de lamer mi ombligo con obsceno esmero y pasión, por favor.
Destruye todo lo que soy... no te quedes a medias.
Y en los momentos que alcanzo a vislumbrar el dolor de la realidad,
hasta el punto de aceptarla casi como propia,
consiguiendo mitigar el dolor que me ocasiona
la pérdida prematura de tu mano...
vuelvo a recurrir a la palpitante locura de martirizar
mi pobre zona central del pecho preguntando interiormente...
y tú... ¿seguirás deseando más de mí?...
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