Demente crónica y de mente oscura. Mecida cariñosamente por el balanceo de un sueño inacabado.



Bienvenidos.

Incluso a mí hay veces que me asusta lo mutante que puedo llegar a ser. Hipócrita, nómada, engañosa y hasta puede que un poco serpiente... pero chicos, es lo que hay. Leed si gustais, disfrutad si cabe...



domingo, 24 de abril de 2011

Exceso.

Aquella noche decidí salir sin emborracharme hasta el punto de perder la cosciencia... como siempre hacía. Como siempre, desde aquella vez.
Todo era más fácil de esa manera... la ciudad daba vueltas y nada importaba. Me sentía ligero y capaz. Capaz de todo.
Cuando el dolor de perder el brazo izquierdo hasta el codo, mitigó lo suficiente como para poder aguantar las miradas de estupor por mi notable mutilación, decidí ser el peor de los drogadictos y el mejor de los capullos.
Una noche conocí a M.
M era una muchachita linda, reservada, risueña y de apariencia floral.
M me miraba directamente a los ojos cuando me hablaba. Chica educada.
A la señorita M le gustaba el tequila sin limón y sin sal. Ardiente muñequita.
Cuando empezó a sonar death metal, a M se le iluminó la carita y empezó a moverse como una auténtica perra en celo. Putita linda...
A cada minuto que pasaba, mi visión de M cambiaba radicalmente, y empecé a sentir una fascinación, que conectaba cerebro y rabo.
M, de tanto bailar, comenzó a sudar levemente por el cuello... donde caía una maraña de rizos color azabache.
M me empalmó súbitamente, cuando al recogerse el pelo, dejó al descubierto una cicatriz que le rodeaba el cuello y le subía hasta detrás de la oreja izquierda...
no había reparado en ella en toda la noche; el pelo me distrajo por completo.
No... no fue el pelo.
Me olvidé de todo, y le miré fijamente aquella línea rojiza que tanto me atraía, concentrándome en mi propia perversión mórbida. Puto enfermo...
M me sonrió amablemente y sólo dijo "cáncer de garganta que se extendió."
Mi cuerpo se movió solo... acaricié su cuello con mi dedo índice, a lo que ella se dejó dócilmente, para mi sorpresa. La erección se hacía incontrolable.
Fue todo un golpe para mi interés descubrir aquella desfiguración en un sitio tan jodidamente erótico.
M me confesó que aun sentía algo de dolor en la oreja izquierda a causa de la proximidad de la cicatriz, y que había algunos puntos del cuello en los que era sumamente sensible...
Estallé inevitablemnte: lamí el camino de aquella pecaminosa imperfección, hasta que torpemente llegué a su boca.
M me besó con ávida experiencia, y cuando la respiración se tornó continuo jadeo, ella susurró en mi oído "estoy deseando comprobar que eres capaz de hacer con tu muñón..."

3 comentarios:

Luzya dijo...

Increiblemente bueno =)

J. dijo...

Muy bueno, y si ocurrió de verdad más. Estoy rotundamente a favor del exceso. Besos.

Silvina Tamara dijo...

me gusta! :)