Demente crónica y de mente oscura. Mecida cariñosamente por el balanceo de un sueño inacabado.



Bienvenidos.

Incluso a mí hay veces que me asusta lo mutante que puedo llegar a ser. Hipócrita, nómada, engañosa y hasta puede que un poco serpiente... pero chicos, es lo que hay. Leed si gustais, disfrutad si cabe...



martes, 17 de agosto de 2010

Inspiración a la inversa del cuento de hadas.

Siempre me bloqueaba a la hora de escribir. Todos los días me sucedía lo mismo, de manera sistemática: me sentaba en mi escritorio, siempre lleno de trastos; colocaba un taco de folios bien alineado a mí, con las hojas pulcramente lisas y blancas – un solo desperfecto en mi material y se me quitarían las ganas de escribir hasta el día siguiente.- Y lo que yo más adoraba en todo el mundo: una pluma de plata, con un relieve en la parte superior en la que podría leerse a modo de braille las iniciales de mi padre. Es el regalo que mejor conservo desde que el murió.
Lo preparaba todo perfectamente antes de ponerme de lleno a pensar, para que nada interfiriera en mi concentración.
Y como de costumbre, un día más, pasaba horas mirando el puñado de folios en blanco, con la pluma en posición de ataque, esperando la divina inspiración que iluminara mi propio ego.
Era como un ritual… un ritual catastrófico, en el que a menudo acababa exhausto de odiarme tanto.
Era el momento justo, en el que, sospecho que de casualidad no tenía nada, entraba mi prometida al desván, donde me aislaba todo el tiempo libre de mis fines de semana.
La vi entrar, contoneando su camisón de algodón, color rosa chicle, que le estaba dos o tres tallas más grande de la suya. Tenía los ojos entornados, y el gesto vago… se moría de sueño.
— ¿Cuándo piensas venir a la cama? Son las tres de la madrugada, cariño…
—Lo siento, Mar. Estaba seguro de que me había me venido un soplo de inspiración—. Empezaba a sentirme un poco imbécil, y a sentir lástima de Mar… durante el último año, le había soltado aquella dichosa frase casi todos los días.
— No te preocupes, seguro que viene un día de estos, es cuestión de ser paciente. Recuerda que no debes presionarte ni pensar en tu padre mientras estás ahí sentado.

Tenía razón, pensar en mi padre me bloqueaba. Él había sido durante toda su vida un célebre escritor y una persona ejemplar.
Todo el mundo lo adoraba, y en el centro de toda esa adulación estábamos mi madre y yo, que le respetábamos y le queríamos con toda sinceridad.
Desde que tengo conciencia de mí mismo me ha gustado escribir, y devorar libros. La enorme biblioteca que tenía mi padre en la casa donde pasé mi infancia, era mi refugio especial. Mi laberinto mágico… con los años aprendí a moverme con más habilidad y conocimiento por el lugar, y a memorizar hasta la última de sus estanterías.
Mi padre siempre me leía cuando tenía un rato libre. Me contaba cuentos y fábulas.
Y conforme fui creciendo, los colegas, conocidos y jefes de mi padre de la editorial, fueron dejando caer con más frecuencia comparaciones entre mi padre y yo, y mi brillante futuro como escritor.

— Anda, Raúl, vamos a la cama… mañana lo intentas de nuevo.
No pude más que obedecer sumiso al cariñoso mandato de mi casi esposa.
Habíamos fijado fecha para la boda, y poco a poco planeábamos todo.
Ella odia las prisas y los atascos. Ese modo tan delicado y despreocupado de hacer las cosas me encantaba de ella.
Da igual lo mucho que lo intentara… fue una época de insomnio y de mal humor.

Al día siguiente me desperté a las diez de la mañana, con un horroroso dolor de cabeza, y unas ojeras que asustaban… pero en vez de intentar arreglar mi aspecto, me pegué una ducha rápida, y me vestí con lo primero que pillé.
Despertando suavemente a Mar con un beso en la mejilla le dije que iba a dar un paseo, a buscar inspiración… a lo que ella, medio en sueños me contestó que tuviera un buen día.
Era una mujer tan dulce… todo lo decía con su mejor intención.
Acepté casarme con ella cuando me lo propuso sin pensármelo dos veces. Pero en realidad… nunca la he amado de esa manera. Simplemente pensé que podríamos arreglarnos la vida el uno al otro. Nos conocíamos prácticamente de toda la vida, y ahora… a nuestros veinticuatro años, decidimos que pasaríamos el otro resto de la vida juntos.
Salí de casa con un cuaderno y la pluma de mi padre, dispuesto a encontrar algo que me hiciera reaccionar de mi atontado estado.
Me detuve en la cafetería de la esquina, dispuesto a desayunar algo y leer un rato el periódico. Me senté con un café y una tostada con tomate y cogí el diario que reposaba en la mesa de al lado.
No tuve tiempo ni a pensar, cuando de pronto, vi los ojos más azules y magnéticos que hubiera podido contemplar en toda mi existencia.
Fue como una atracción animal. Era un ser magnífico. No podía despegar mi mirada de aquella perfecta visión.
Se sentó en la mesa de al lado de donde estaba yo, y me pregunto muy cortésmente si me faltaba mucho para acabar con el periódico… yo sin contestar, y con cara de tonto, se lo cedí totalmente a la merced de esos ojos.
Desperté de mi delirio, por simple respeto hacia esa persona, y volví a mi aburrido café con leche, cuando empezó a hablarme.
— ¡Vaya golazo metió Iniesta en la final del mundial! ¡Fue genial!
— Ya te digo… estuvo justo en el momento y en el lugar adecuado, ¡y lo metió con gracia el jodío! — Simplemente le contesté… hablar de fútbol siempre es fácil y divertido.
— Si quieres podemos compartir el desayuno y comentar la trayectoria de España en el Mundial…
Supongo que mi cara fue un poema en cuanto escuché eso, porque me sonrió de manera suplicante. Y yo, una vez más, con cara de tonto, accedí a compartir mesa y desayuno.
Hablamos de fútbol, de su perro, del tiempo espantosamente caluroso que estaba haciendo… Y entonces empezamos una conversación imprescindible, pero en la que no había caído aun.
— Por cierto… mi nombre es Raúl.
— Encantado, yo soy Nicolás, pero puedes decirme Nico a secas.
Un apretón de manos normal y corriente, y mi brazo entero se estremeció.
Cuando acabamos de tomar el desayuno, se despidió de mí, y me dijo que ya nos veríamos de nuevo por aquí…
Le sonreí, y lo miré irse. Observándolo de arriba abajo, enfundado en sus tejanos desgastados, su camiseta de propaganda y su media melena pegada al cuello.

Después de aquello, pasé toda la mañana en un parque cercano, con el cuaderno reposado en mis rodillas…
Y ahí estaba yo… escribiendo toda clase de versos, poemas, textos y frases sueltas sobre el objeto de deseo que, como por arte de magia, acababa de aterrizar en mi mente.
Cuando el estómago me empezó a gruñir de hambre, volví paseando a casa…
Llegué y ya desde la puerta olía muy bien a comida: Mar ha preparado pollo asado.
Entré y dejé mis cosas en el sillón de la entrada.
Le di un beso rápido en la cabeza a Mar a modo de saludo y ella me contestó con una sonrisa cariñosa.
Por la tarde, cuando me levanté de la siesta, encontré a Mar leyendo en mi cuaderno… y por un momento pensé que se me iba a parar el pulso.
— ¿Ves? Te dije que la inspiración llegaría. Es precioso todo esto… ¿En quién te has basado para escribir todo esto, Raúl?
Mi boca habló sola, fue un mecanismo de defensa… o un impulso de cobardía aguda… o la indecisión que me producía mi ridícula y ardiente atracción que me provocaba otro hombre… el caso es que con la mejor de mis sonrisas se me ocurrió soltar:
— ¿En quién va a ser? ¡En ti, tonta!






No sé porqué... pero furulaba este texto por mi ordenador,

y aun no lo había colgado.

5 comentarios:

enrojecerse dijo...

su ya-esposa estaría cabreadisima si supiera la verdad, yo creo que con un par de miradas Raúl va a desvelarse solito,
que eso me huele a romance puro:) y diferente.

Otra vez a viajar al olvido... dijo...

hermoso! me encantó...

Luzya dijo...

La inspiración llega cuando menos te lo esperas. En el momento menos esperado las palabras empiezan a surgir sin que nadie pueda detenerlas. A mi pocas veces me pasa y cuando lo hace no suelo tener papel a mano. Suele ocurrirme también justo antes de dormir y, a la mañana siguiente, ya no recuerdo nada

Perezoso dijo...

Sí, sí, notas bien, mucho amor :)
Mi blog se ha convertido en pastelería, pero me encanta.

La inspiración llega por sí misma o cuando piensas en la persona adecuada.

Un beso!!

poetadebotella dijo...

chica rock!
me gusta este texto...nose porqe estaba por tu ordenador perdido!:)
mmm...los lunes de cotubre pronto llegarán...
remuá