Demente crónica y de mente oscura. Mecida cariñosamente por el balanceo de un sueño inacabado.



Bienvenidos.

Incluso a mí hay veces que me asusta lo mutante que puedo llegar a ser. Hipócrita, nómada, engañosa y hasta puede que un poco serpiente... pero chicos, es lo que hay. Leed si gustais, disfrutad si cabe...



lunes, 9 de agosto de 2010

Cual mitológica Medusa.

Mantenía siempre perfecta la manicura de sus manos. Cada varios días cambiaba el color de sus uñas. Las limaba y mimaba con esmero… solía decirme que una artista necesita tener las manos siempre perfectas y dispuestas a trabajar.
Decía muchas cosas… siempre hablaba sobre arte y romanticismo. Pero nunca estuve segura de si sabía de lo que hablaba.

Su armario era la entrada a la dimensión de sus pensamientos: cajas llenas de diarios, ropa confeccionada personalmente por ella, accesorios estrafalarios, zapatos de tacón y zapatillas de último diseño.
Guardaba en un pequeño rincón su muñeca de la infancia favorita.
Estaba todo bien colocado, todo encajaba, como en una partida de Tetris.

Se comía el mundo las noches que salía; con esa fragancia a almendras tan suave y hechizante… y esa maraña de rizos larguísimos, negro azabache, ondeando al viento con burla y desparpajo.
Acaparaba miradas y robaba corazones con sólo el contoneo de sus caderas.
Eclipsaba focos y soles con su descarada sonrisa.

Ella era así. Amaba llamar la atención y ser adorada por cualquier persona en la que ella pusiera el ojo.
Natural, despreocupada, risueña y misteriosa…
Hablaba como recién salida de la nobleza del siglo XVI… quería hacer parecer su vida un poema de aquel siglo de Oro: desventura, desamor, desinterés y destino.
Pero la única verdad que yo siempre descifré en su desesperado intento de lucir perfectamente hecha a sí misma, fue que el vacío de la soledad que ella misma provocaba en la ansiosa maniobra de que nadie descubriera sus defectos, todo era lúgubre, oscuro y cruelmente desterrado de su parte racional. Ella misma era un armario.

Coleccionaba amantes, que sin vergüenza seducía, para luego olvidar entre las arrugas de sus sábanas de franela. Las de invierno… las espesas. Para así no recordarlos con ligereza y cariño.
Era experta en besos furtivos, y fugaces caricias tras el lóbulo de la oreja.
Efímera y deseable como ella sola. Aprendió a explotar su encanto, olvidando la ternura de su desencanto.
Una noche, y otra y otra…
Nunca fue consciente de que lo único que siempre hizo, fue en esforzarse en la perfección de una damisela de poema épico, para el agrado de un caballero de la talla de Don Quijote; abriendo un agujero negro en su alma, absorbiendo todo lo imperfectamente humano que ella poseía como tal.
Pobrecita… sólo aspiraba a ser profunda y ardiente como el poema número 20 de Pablo Neruda, pero sólo se quedo en la apariencia de la hoja: plana y simple.






Señoritas de carita de porcelana y de negro corazón lleno de penas...

Son mi especialidad.

7 comentarios:

ian dijo...

Quería hacer parecer su vida a un poema del Siglo de Oro...
Fantástico. Sencillamente fantástico.

Aimée dijo...

Increíble y real.

Ale dijo...

Creo que si lo pienso se me vienen a la mente varias personas llevando su vida de esa forma, entre hombres y mujeres. Ese miedo a mostrarse vulnerables, a dejar en manos de otra persona sus miedos, a realmente confiar en alguien que los saque de esa soledad.

Y ahí van, en vidas perfectas e inmunes a cualquier tipo de sufrimiento. Pero la realidad es que se consumen sufriendo por lo que no encuentran en esa perfección, porque les falta un té llevado a la cama cuando tienen fiebre, un abrazo que calme la angustia de una mala noticia. El sentirse alguien especial en el corazón ajeno.

Muchas veces yo quiero ser esas personas me digo, porque me angustio y lloro y me afectan las cosas; pero la realidad es que siempre termino eligiendo ser quien soy, con todos mis defectos y errores, porque en ellos encuentro a alguien que siente, que vive y que espera a la persona que me reconcilie con el que siempre fui.



Muy lindo texto, es otra de las cosas que me hace ver que ser quien soy sigue valiendo la pena :)

Quijo dijo...

Como el poema número XX de Neruda, lleno de "podrías" y vacíos. Porque los que llenan su vida de apariencias, de peluquerías, de maquillaje y falsas sonrisas,...al final, acaban quedándose con eso, con apariencias y vacíos.

Don't Forget This dijo...

¡Hola! Estoy embarcada en nuevo proyecto cuyo objetivo es hacer llegar mensajes directos y simples a personas que caminen por la calle. En unos días comenzaré a publicar y podrás averiguar de qué se trata. Espero que me sigas si te parece una idea interesante.
¡Muchas gracias!
@Don't Forget This (You Should Remember)

David dijo...

Muchas gracias por pasar por mi blog. Me ha encantado la entrada, tiene un blog muy currado. :)
Un besito!

Rebeca dijo...

Y cuánta gente hay que vive de esas apariencias, intentando esconder esa soledad, esos defectos y esa falta de amor. Pobrecita, la gente así me da pena, si rebuscarán en su armario serían mucho más felices.