Demente crónica y de mente oscura. Mecida cariñosamente por el balanceo de un sueño inacabado.



Bienvenidos.

Incluso a mí hay veces que me asusta lo mutante que puedo llegar a ser. Hipócrita, nómada, engañosa y hasta puede que un poco serpiente... pero chicos, es lo que hay. Leed si gustais, disfrutad si cabe...



sábado, 16 de julio de 2011

La mirada del tuerto.

Después de mucho mirarme con aquel ojo tan penetrante, me invadió el deseo de que me penetrara con otra cosa.
Era un sitio oscuro, con música tétrica y con camareros obscenos y barrigudos. Sí, era un sitio cojonudo.
De la nada, apareció el susodicho, con su cresta punk y sus pitillos provocativos.
Llevaba un parche en un ojo. Me divertí durante un rato imaginando que guardaba tras ese cacho de tela negra: simple apariencia, una cuenca vacía, un ojo deforme...
Mientras hacía hipótesis sobre su pinta de pirata barato, el tipo no me quitaba ojo.

Aquella noche salí con unos amigos. Tenía ganas de fumarme todo lo que se pusiera a mi alcance, y matarme por beber hasta que mi hígado reventara. Quería salir a celebrar el gozo de pudrirme en mi amargura...
Mis amigos charraban sobre temas banales y superficiales. No tenían ganas de filosofar ni de vomitar poemas para borrachos desesperados por lo que pude notar. Me quedé en standby, cantando la canción que sonaba ("Inside the fire", Disturbed) y mirando a mi alrededor.
Echaba de menos que la gente fumara dentro de los baretos. Me entretenía de cojones mirar el humo flotando en el ambiente viciado de humanidad y apatía oculta.

Mientras inspeccionaba el lugar, fue cuando me encontré con aquel ojito azul, azulísimo... mirándome directamente. El tipo pegó un trago a la cerveza y siguió mirando en dirección a mi posición. Le hice un corte de mangas, y el tío aquel levantó la cerveza a mi salud mientras se agarraba el paquete.
Eso me hizo reír. Mi risa desembocó en su sonrisa. Su sonrisa provocó mi interés. Y cuando me intereso por algo, ya no hay vuelta atrás.

Me acerqué a él.
- ¿Ese gesto significa que me vas a invitar a una cerveza?
- No, era un brindis a tu salud, por ser mi polvo de esta noche.
- ¿Qué te hace pensar que voy a ser tal cosa para una escoria como tú?
- Has venido a hablarme.
- Creí que obtendría una cerveza gratis. Te he visto cara de pringao.
- Pues ahora tendrás que hacerte responsable de haberme empalmado.
- Pues tío, que precoz. No sé si me conviene que un pichafloja me dé de beber. Y si necesitas alivio sexual, utiliza la manita.
- Este pichafloja te daría el polvazo de tu vida.
- Tienes suerte de que esté de humor para comprobarlo.

Me llevé al tipo del parche en el ojo a mi apartamento.
No es que me resultara difícil aguantar el calentón, o que quisiera alargar el momento íntimo entre el desconocido tuerto y la perra amargada, no. Suena demasiado patético. Simplemente vivía cerca.
El caso es que me tiré al chico de la cresta bien puesta de un sólo ojo.
A partir de ahí, me di cuenta de que había cometido un error fatal.

Al cerrarse la puerta de mi casa tras su desaparición en escena y de mi vida, los cuadros se empezaron a caer. Me quedé a oscuras y metí el pie en el cubo de la fregona mientras intentaba ir a por velas.
Y eso sólo fue el principio.
Durante aquella semana, después de que la existencia de aquel hombre llegara de incógnito a la par de imprevisto a mi vida, todo estaba torcido.

El lunes, yendo hacia la universidad, me tropecé y me caí de boca. Me rompí una paleta.
El martes, quise beber agua, y al abrir el grifo estalló en mi cara. Mojándome entera, y el resto de la cocina.
El miércoles, al apagar el despertador, me dio un calambre y el despertador explotó en mi mano, provocándome una quemadura de segundo grado.
El jueves, caminando por la calle, una bicicleta me atropelló el pie derecho, haciéndome un esguince.
El viernes, quise llamar por teléfono en una cabina, y se tragó mi dinero. Fui tan estúpida que metí la mano para ver si lo recuperaba y me quedé atrapada en la cabina. Fue totalmente vergonzoso que tuviera que venir un técnico a liberarme.
El sábado, me fui a sentar en el sofá, con tanta mala suerte que no ví que mi gato estaba ahí durmiendo, y lo maté con mi culo.
El domingo, completamente destrozada, opté por no levantarme de la cama en todo el día, y reflexioné detenidamente... dándome cuenta que era cierto lo que decían de los tuertos.
Me prometí a mí misma huir despavorida, y evitar a toda costa a la gente de un sólo ojo.

6 comentarios:

Petite Mademoiselle dijo...

Malditos tuertos!

Lazaro dijo...

¿Has probado con la gente con chepa? Dicen que toca la loteria.

Rebeca dijo...

Y a mí que me había dado morbo el tuerto hasta la segunda parte...

Munani dijo...

Muerte por aplastamiento de culo, eso sí es mala suerte, parece q tampoco sirve d mucho tener los dos ojos ^^

Ale dijo...

Pero tenía razón finalmente, te echó el polvo de tu vida. Mirá cómo te dejó toda la semana! jajajaj!!

bche dijo...

Ale:
jajajaja! bien pillado! sí señor, a eso se refería! :)